Fluye amor, fluye amor,
letargo de la primavera.
Las flores, en vespertina fragancia,
esplendor, de tu estancia
a mi vera.
Tulipanes senegaleses,
uno a uno, me pareces.
Tu tren y el mío,
divino destino,
en las introspectivas
versiones de las caminatas.
Y, esas primaverales sorpresas,
nos elevan, somos aguas,
entre las mejores veredas
del amor que, aún, nos queda.
Soñaremos con la entrega,
pueblos bellos en nuestros corazones,
dinteles formados, sin calificaciones,
esferas turgentes en la nube.
El tiempo no ha pasado entre tú y yo,
el amor nos ha adinerado,
somos reyes dorados,
en este racimo.
Profesamos lo mismo,
estimación, de la vida misma.
poemasdemercedes.com
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