Alquimia hiriente,
muerte dominante de por vida,
solución alicaída,
intrusa en todos los laberintos,
resoplos a cada paso,
elige sus mejores manjares.
El lustre no lo respeta,
sopla velas a su antojo,
ridiculiza al hombre,
montones de despojos,
con ideas acojonantes,
a veces, liberadoras…
Muerte viviente,
¡cabrona!
poemasdemercedes.com
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