Celedonio, Celedonio,
dime cómo te pongo
el lazo rosa que me regalaste,
después, de los días de insomnio,
cuando te besé,
delante de los dioses del jardín
de la vida,
en aquella bendita estancia
que forjamos tú y yo,
encima de un frondoso árbol,
para ver,
el sol y las estrellas,
libres,
del murmullo contaminador
de la gran ciudad.
Celedonio, Celedonio,
sin duda,
supimos amarnos.
No sé qué nos ha pasado,
Celedonio.
Hemos roto nuestro trato
con el que, juntos,
nos comprometimos a vivir,
amándonos.
Celedonio, Celedonio
dime dónde te pongo ese lazo
que me regalaste,
firma,
de tu condición de amarme,
sin ataduras,
amarme frente a la luna,
amarme frente al mar,
amarme,
frente a las golondrinas sagradas,
frente a todo lugar.
Celedonio, Celedonio
lo nuestro, agua pasada.
Dime dónde te lo pongo.
Golondrina
(Kata).

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