Tras dos gruesos cristales,
llevo, mi carga, a raudales.
El extremo más grande,
en mi puño delirante,
el comienzo,
de algo interesante.
Entre las acacias de tu semblante,
intriga de los almirantes,
protectores, de un loco cautiverio,
entre danzantes de fuego,
hacia la interpretación,
de un señuelo,
que me visita, cada noche,
entre mis sueños.
Historias de antes,
cambiando este mundo austero,
donde, las estrafalarias ideas
de tu cuerpo,
resbalan entre mis dedos
y, me arañan,
como garfios,
de piratas compulsivos,
que se arrastran,
en la búsqueda,
de tesoros, inimaginables,
entre la púrpura de mi pluma
que no ha dejado de amarte.

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