Fuegos (Número 878)


Mirando,

los cuatro palos de mi silla,

de cuarenta años,

¡no puedo remediarlo!

la mente, abstraída,

vuela,

por los fuegos del mundo artesano,

se va, para pastar,

al prado mojado,

con una vaca blanca y negra,

empecinada,

en cogerme con sus cuernos

y, lanzarme,

por el terraplén misterioso

en el que, todos, caen

y, ya, no se les ve por ningún lado;

¡no quiero ni pensarlo!

¡acabaría,

la ilusión de tenerte a mi lado,

después, de cuarenta años!

Mi amor,

¡ha sido un fracaso!

¡mis versos, te llegarán!

¡tú, creerás, ser el agraciado!

Y, entre los pastores,

¡estás tú!

¡ilusiónate mi amor!

«Et serpem placem»

(Y estar siempre satisfecho)

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.