De nuevo,
a las dos horas,
mi doctora,
ya es mi médica,
claro que sí.
Su sonrisa ilumina mi cama,
en esta noche tétrica,
fantasmal,
por no saber dónde estoy.
Me mira y, algo más conforme,
dice esto:
– está un poco mejor.
Así que, en mi rincón,
en mi cama, una explosión
de esperanza.
Y, es que, no veo a nadie,
sólo a un paciente frente a mí,
que grita con dolor:
– un calmante, más morfina,
por favor.

Deja un comentario