Ante un humano,
sin evolución,
no hay nada más
que hablar.
Ese puesto estático
lo hace insalvable,
inservible,
primario, terco.
Sin evolución,
nada nos une,
todo es fracaso.
Sin evolución,
todo pertenece
a un destronado pasado
donde, hasta los primates,
demuestran mejores dotes
de amor y de lógica.
Sin evolución,
no hay nada.
Sin evolución,
el espíritu humano está perdido;
no es humano.
Sin evolución,
el espíritu humano,
sólo es eso: nada,
ni tan siquiera,
existe.

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