
Recorro calles y calles,
de día, de noche,
en busca de tu amor,
sin un buen resultado,
¡no calmo mi dolor!
No te das cuenta,
no te pones delante de mí,
ni siquiera,
una sonrisa desgastada,
ni siquiera,
un beso anaranjado
que resalte tu alma y la mía,
ni siquiera,
un inciso, para quererte,
cada brillante mañana,
en la salvaje playa
donde me hiciste el amor,
rodeada de pinos verdes,
sin ninguna noche de atranque.
Allí, nos sentábamos,
a la luz de la luna,
amándonos toda la noche,
hasta llegar,
al nirvana de nuestro amor,
amor mío.
Juntos, tú y yo,
¡redentores del fuego!
¡receptores de la pasión!
¡naranjos en flor!
¡poseídos, tú y yo!
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