Y tienen, algunos blancos,
aires de superioridad,
someten ranciamente
al «hombre de color»
¡qué daño a su integridad!
Y, con abusos a diario,
rajan su corazón
y sus carnes… a pedazos,
¡qué mala mentalidad!
Hombres que se creen
amos del planeta tierra.
Hombres capaces
de adueñarse de todo.
Hombres poderosos
marcados por la avaricia,
capaces de maltratar
la esencia de otro ser
y, sólo, por una piel
de un color distinto a él.
Y malos tintes en su corazón.
Y veneno repele su alma,
sin respeto al ser humano,
al contrario, lo denigran.
Y eso aquí en la tierra.
Y, en los cielos,
ante los ojos del Creador
todo cambia de color,
allí la vara de medir,
la misma, no importa,
para nada, la piel.
Dios no es racista,
¡que no! ¡que no!
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