Musas, musas del arte,

¿me acompañáis esta noche

a hablar con mi amante?

Dispuesta, en mi velero,

viajé por el mundo entero.

Busqué una joya,

hallé un secreto;

lo entregaré a mi amor,

lo colgaré de su cuello,

cerca de su corazón,

mi amuleto.

Y tanto sufrimiento,

por fin, se agota.

Yo admiro vuestra presencia,

musas… musas del cielo.

Y con vuestra gracia

me lleno.

Os doy mi agradecimiento,

musas… musas del cielo.

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