¿Quién anda por las montañas heladas
de la tramontana?
Pérfida, con las estelares comisuras,
de unos labios con duras grietas,
silenciosas, pócimas, esquelas,
calenturas místicas
demasiado engrasadas,
para un tour nocturno,
con los desafíos,
de un llanto portentoso,
calavera de Santos póstumos,
en las inigualables vertientes,
subidas, tras las corrientes,
de un sino, integrado,
en días y en arduas senectudes,
cortes y hendiduras, ostentosas,
con una vertiente,
concordante y fluyente,
poderosa y mártir
de lo que se le viene encima,
cada vez que susurra este viento de
poniente, heladas corrientes…
por este cuerpo ardiente.
poemasdemercedes.com
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