Y velo que te velo
este velo blanco,
ése que me puse
el día de nuestra boda.
Lo velo, como oro en paño,
a ti te gustó tanto…
Lo recuerdo y, veo tu cara,
ahora mismo.
Y eso que ya,
ni siquiera,
tú, estás frío como el hielo
y, ni siquiera,
tienes ojeras.
Y eso que, ni siquiera,
puedo ver tu boca cerrada,
ni puedo verte allí dentro,
tan tétrico, tan patético.
Y eso que, ni siquiera,
puedo acercarme
a tocar tus mejillas.
Y eso que, ni siquiera,
puedo agarrar tu mano,
ni darte un vaso de agua,
ni darte un beso en la boca…
¡Eso ya se me fue!
Ahora, con este velo blanco,
como la nieve,
ése que el aire levantaba
y tú agarrabas,
ése que tú levantaste
cuando, con amor,
me mirabas para besarme.
Con ese velo, tú,
has vuelto a mi vera,
tú lo sujetas,
tus manos lo agarran,
tu boca me besa…
tu recuerdo, aún me queda.
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