Isla solitaria,
algunas luces a mi derecha,
ninguna a mi izquierda,
relax total, de pronto,
tras de mí,
un murmullo, voces suaves,
asustadas al verme
en ese lugar,
patrimonio inmortal
de una raza distinta;
sólo están ahí para curiosear.
Simplemente,
soy una referencia
para ellos,
anegados, por el tormento
de un triste invierno.
Y, con una curiosidad,
desbordante,
al verme tan cerca de ellos,
hacen un sonido,
con ramas, con follajes.
Y me quedo inmóvil;
pongo en el suelo un pie,
después, el otro,
fijos los dos.
Me voy agachando,
pensando,
que nadie vendrá a mí.
Después,
continúo pensando.
Y descubro,
verdaderamente,
quién está detrás de mí,
simplemente,
me acuerdo de ti,
concluyo que tú…
te fuiste ¡qué desgracia!
al final de aquella jornada,
que completó tu ciclo en la vida.
Y vengo buscando
contactar contigo.
Y vengo buscando,
un maestro o una maestra,
que me lleve a ti.
Quizás ya lo he encontrado,
las piernas se me aflojan,
caigo en el suelo
y, cuando despierto,
estoy en tus brazos.

Deja un comentario