Oh ¡qué calor!
vine a calentar mi corazón,
en tu espacio de ilusión.
Estoy que tiemblo,
mi pecho salta,
entre los sueños de la noche.
Quedo aturdida,
rendida a tus pies,
cautiva de tu ínfimo amor,
sin miedo, dispuesta
a momentos intrigantes,
a una fiesta diaria,
a espectantes
noches musulmanas,
rodeada,
de una venerable danza,
entre mariposas blancas,
con nubes doradas
y con tu amor ante mí.
Me dices que me amas
y paso la mejor noche
de mi vida,
entre las ramas de tu amor,
sofocante amor,
siembra de nuestras ilusiones,
dólmenes de calcificación,
blanca pureza
entre tú y yo,
cosquillas de esta pasión.
Y, me abrazas,
cual pulpo de madera,
clasificado,
entre las maravillas del mundo,
como en un cuento de hadas.
Recito este poema
para ti, plena de amor,
galera de tu corazón,
cómplice de tu aura,
por amarte desde que nací.
Mi amor, quédate aquí
conmigo,
celestial mimo te daré.
Y, por ti,
resucitaré siempre,
amor mío, mil vidas,
con tu éter.

Deja un comentario