Pez luna (Número 794)


El brillo del mar de Barbate,

a las cinco de la tarde,

me recuerda, que te quise

antes que a nadie.

Y, tú, como gaviota, volaste

para posarte algo más lejos

de donde, yo, estaba esperándote.

Hoy, con mis arrugas,

me he mudado a Finisterre.

Los niños y las niñas

siguen jugando,

yo, sigo amándote,

tu nombre me da miedo,

al oírlo, me agito.

Y, mi amor,

no se ha mudado de acera,

sigue viviendo dentro de mi corazón,

en la misma puerta

por la que te vi pasar,

con mis pocas primaveras…

¡endeudada por tu ventolera!