Bajo mi brazo, ¡mucho dolor! ¡no puedo coger a tu paloma blanca! Dos mil veces maravillada, en el momento de mirarla, te he bendecido, entre un humo limpio para, después, orar. Y, con ella, entre mis manos, mi dolor desesperado, con el yate de tu corazón, se ha encallado. Tu paloma blanca revolotea sobre mí, … Continuar leyendo Ya vivo (Número 386)
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