Voltios de Jerusalén, activos, en mi trapo nuevo. Navego, en este ostracismo de tu barco, indicio que me posterga al trémulo impostor de tu soledad, en voluptuoso y en opaco limbo para retornar a tus sensuales brazos, integradores de una burbuja chispeante, en tus venas de estimado señor. Trotamundos, bienvenido a mi vida, amor.
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