Raíces (Número 66)

Mi corazón, a duermevela, tú no llamas a su puerta. Tu rutinaria indiferencia, cada noche, me quema, mi amor. Una pena, poderosa, dentro de mi corazón sin una venturosa luz que airee mi dolor, enraizado, sin ti. No avisto ningún camino nuevo para mí; ¡ninguno, mi amor! Yo, sin ti, no sé vivir.