Perillana (Número 72)

Y en mi enjundia, tu
olivar
y justo aquí, en este lugar,
brota
una perezosa y fresca
gota,
adjuntando alas para
volar.

Y libre abandona mi
altar,
sin engendro de miedo a la
derrota,
con firmeza, limpia, no está
rota
y a tu cita va como un
juglar.

Mi ente solar, confesor de mi casta.
Tú, el culpable de mi
aventura.
Tú, mi encantamiento
entusiasta.

Entre lamentos llego a mi
fisura
pues tú, clavas dentro de mí tu
asta
y desalmas, de un golpe, mi
cordura.