Amor Desamor

Susurros (Número 590)


Y no puedo más,

¡qué congoja!

años y años

con este sufrimiento.

Hoy,

lo saben los peces del río;

ellos,

saben lo que te quiero,

en mi soledad,

mis dibujos, en el agua,

con tu nombre,

la corriente se los lleva lejos,

mi estómago, con el agua,

se libra de mi tormento.

Tú,

en el otro extremo del pueblo,

mi amor, prendido con fuego,

lo soporto,

por la frescura del río,

por la frescura del viento.

Temblores,

en un día de amargura,

tú, te vas por el aire

para no verme en el río.

Pues, ya lo saben,

los pájaros del cielo;

ellos,

con su alegre canto,

despejan

el dolor de mi cuello

y, con su vuelo,

liberan los nudos

de mis músculos,

engarrotados,

por una carga de amianto,

dentro de mí.

Ya lo saben

hasta los lirios del campo;

ellos,

con su perfume,

despejan mi respiración,

inspiro y expiro,

jamás lo había hecho antes,

tu amor,

no me dejaba tomar aire,

se me ponía delante.

Ya lo saben

los flamencos del parque,

donde tú,

te paseas por las tardes.

Ya lo sabe hasta el aire,

en secreto,

silba tu nombre

y, en el madroño,

lo he grabado;

así, no se lo lleva el viento.

Ya lo sabe hasta el sol,

sus rayos harán su parte:

calentarán tu corazón

y, te lo dirán, quemándote.

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