Y diré, con esta penumbra, que oscurece hasta mi piel, que de anciana, te amaré igual que la primera vez. Yo, te vi, sentado, en aquel pollete de hierro de la plaza de Santa Ana, daba a la esquina de mi casa. Y, recién pintado de verde esperanza, tú, te pintaste hasta el alma. Yo, … Continuar leyendo Sin pausa (Número 410)
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