Amar (Número 353)

Y postro

mi humana regla,

de inherente sagacidad,

en el lustre de tu barriga

que me ama,

con la inmensidad,

de una tormenta estridente

en alta mar.

Allí, los peces se mueven

al son del temporal.

Y, una caza de brujas,

abre mi corazón,

de manera descomunal,

para que me una a ti.

Y, en esta estampa del mar,

tras el temporal,

llega la calma.

Aprendemos a volar,

con los colores del arcoiris

y, con los pececitos del mar.

Saltamos de amor

y de felicidad.

Tú eres

quien me ha enseñado a amar.

Y, vuelo y vuelo,

para nunca naufragar.

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