Zepelín (Número 340)

Filigrana

en este mes de abril,

radiante.

Un zepelín, con una tunda

en esta cabeza de alfil,

me da tantas vueltas,

como el tío vivo de la feria.

Y miro la quietud de las palmeras,

un mareo,

viste de gravedad mi cuerpo.

Y, en un segundo, inmóvil,

yaciendo en el suelo.

Tengo miedo a perderte

después de sentirme

pequeña, vulnerable…

Sé que no soy eterna,

quizás,

no llegue ni a la vejez,

¿quién sabe?

Sólo sé que ahora

te recito este triste poema

llena de una tremenda pena.

Y si tú lo escuchas

es para ti, mi amor;

amor de mis mil maneras,

amor de mi soliloquio,

amor de mi aventura,

amor de mi compañía,

amor de mi vida entera.

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