Paz (Número 147)


Visitante diario de mi

ficción, 

intruso, 

con soles en mi corazón 

iluso, 

me mordía tu extrema 

tentación.

Con la palidez de tu 

abstracción, 

me coronas con tu querer 


incuso

y con nuestro bello amor en 

uso, 

el nirvana, nuestra

sublimación. 

Y,  en un escenario 

maravilloso, 

conjuro de miles de

flamenquillas, 

me haces,  otra vez, el amor

dichoso. 

Dulce placer de tantas 

octavillas, 


penetración en lo más 

asombroso, 

al fundirnos, en lindas

tonadillas.

Publicado por

Mercedes

Escribo para columpiar mi alma; ella se lo merece. Y por existir me planteo el morir. Algo se mueve.

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